La interrogante no es fácil, menos aún en medio de todas las oportunidades inmobiliarias que está ofreciendo el mercado… y que algunos expertos afirman que es un momento virtuoso para los compradores.
¿Es tan así?
Para Cristián Martínez, ingeniero comercial, magister en Administración de Empresas de IEDE, master de Administración de Empresas en la Universidad de Lleida, y fundador de Creceinmobiliario.com, se está viviendo un período acotado en el que han confluido tanto beneficios gubernamentales como privados desde las inmobiliarias, las cuales, presionadas por el sobrestock, están entregando diferentes ofertas.
¿Arriesgarse o esperar?
“La tentación es responder con una fórmula única, pero la verdad es que no existe una respuesta universal.
La decisión no depende solo de cómo están las tasas bancarias, de cuánto han bajado los precios o de cuál es el ahorro disponible; sino que, sobre todo, de la situación particular de cada persona: su nivel de deuda, su capacidad de crédito, sus necesidades reales y el tiempo que efectivamente planea vivir en esa propiedad.
Hoy existen muchos jóvenes y nómadas digitales que rotan de ciudad en ciudad y para quienes comprar una vivienda para vivir simplemente no tiene sentido, por más atractivo que parezca el escenario”, asegura.
A su juicio, el mercado inmobiliario chileno atraviesa un momento de sobrestock, y las inmobiliarias están haciendo lo posible por liquidarlo: subsidios, descuentos, bonos de pie y una batería de incentivos que rara vez se ven todos juntos.
“Si se cuenta con capacidad crediticia y con la voluntad de comprar, este es, objetivamente, un buen momento para hacerlo.
Los precios tienden a subir, la oferta de propiedades nuevas se va a reducir y las condiciones actuales difícilmente se repetirán en el corto plazo”, sostiene el experto.
¿Conviene a todos?
Pero que el escenario sea favorable, no significa necesariamente que la compra convenga a todos.
Para ordenar la decisión señala conviene mirar un conjunto de variables concretas:
Ingresos y ahorro
Quien tiene ingresos estables, ahorro suficiente y poca deuda, debería evaluar seriamente comprar hoy.
Sin ahorro
Aquel que dispone de ingresos estables, pero no cuenta con ahorro, probablemente debe esperar y fortalecer ese respaldo antes de dar el paso.
Quien enfrenta incertidumbre laboral no sabe qué pasará con su trabajo en los próximos meses hace bien en arrendar mientras se aclara ese proceso.
Arrastre de deudas
La persona que arrastra un nivel de deuda alto, primero debiera reducirla antes de sumar un compromiso financiero de largo plazo.
En transición
Y quien está en un período de transición pensando en un cambio de ciudad, de país, o simplemente de etapa vital también encuentra en el arriendo la alternativa más razonable.
Proyecto familiar
Distinto es el caso de quien está construyendo un proyecto familiar más estable, formando pareja y pensando en hijos.
Ahí sí conviene evaluar la compra con calma, siempre que el dividendo no resulte muy superior al arriendo y exista capacidad real de sostenerlo en el tiempo.
El gran estratega
Y hay un perfil que suele sorprender: el gran inversionista, el que sabe usar el crédito como palanca para generar riqueza, que casi siempre prefiere arrendar su propia vivienda y destinar su capacidad crediticia a comprar para invertir.
No es contradicción, es estrategia.
El mito del pie
Respecto del pie, Martínez indica que conviene despejar un mito de antaño: hoy no contar con el pie completo ya no es el gran obstáculo que solía ser.
“El concepto del bono pie y otras fórmulas para suplir esa exigencia se han vuelto parte habitual de la industria, aunque no siempre estén respaldadas formalmente por la banca.
La realidad del mercado ha empujado a que se busquen soluciones, porque la alternativa a eso es derechamente no vender, lo que tampoco es negocio”, afirma.
Y recomienda que antes de firmar cualquier promesa de compraventa conviene hacerse algunas preguntas básicas sobre la estabilidad de los ingresos, la capacidad real de pago y el tiempo que se piensa vivir en esa propiedad, pero sobre todas ellas hay una que ordena el resto:
¿Estoy comprando para vivir o para invertir?
Explica que si el objetivo es la inversión y existe acceso a crédito, el momento actual es favorable, priorizando zonas con buena proyección y proyectos con plusvalía real.
Si la finalidad es tener un hogar, “la ecuación cambia y entran en juego la ubicación, la familia y las necesidades futuras, de modo que una excelente compra para invertir puede ser, al mismo tiempo, una mala decisión para vivir”.
Finalmente concluye en que “comprar ahora antes de que se acaben los beneficios es comprensible, sin embargo no debe reemplazar el análisis: la recomendación de fondo es que la compra esté siempre acompañada de asesoría, que se compare bien y que se identifique primero el objetivo, porque el sobrestock actual puede ser una gran oportunidad, pero solo para quien antes miró su propio balance con honestidad”.
Fuente: El Mercurio – Cuerpo A